domingo, 21 de marzo de 2021

SUSANA SOLANES: "LOS SIMBOLISMOS DEL MARTÍN FIERRO EN LEOPOLDO MARECHAL"

 


La obra de Leopoldo Marechal, vasta y profunda, es la de uno de los escritores más osados y   originales y también, más rebeldes de la vanguardia martinfierrista. Sus preocupaciones intelectuales, que tantos agravios le acarrearan en su tiempo al autor, dan fe de la defensa del ser nacional y latinoamericano.

Marechal abre este ensayo, que él leyó en 1955 en la entonces Radio del Estado, manifestando su consideración a la obra de José Hernández, no tanto como obra de arte, sino en base a los  valores que  contiene.

Sobre estos valores, que trascienden los límites de la obra de arte, Marechal inscribe al Martín Fierro como una obra que se constituye en el paradigma de un pueblo, como lo fueron las epopeyas clásicas, en la manifestación de su potencial interior, en fin, en la imagen de su destino histórico.

El autor de estas reflexiones plantea dos enigmas con respecto a la obra de Hernández. El primero se refiere al modo de su difusión inicial y el segundo a las primeras interpretaciones de la obra.

El  Martín Fierro entra en la historia argentina, en su momento justo cuando después de la guerra independentista y los enfrentamientos internos, el país se esfuerza por constituirse como una nueva y gloriosa Nación, en búsqueda de un merecido destino de grandeza. Hay en el libro, un mensaje lanzado al futuro y una profecía que involucra al destino de la Nación.

Porque el libro, es mucho más que un relato de desventuras personales, ya que contiene advertencias que luego se convertirían en anuncios de sus simbolismos. ¿Cuál es el mensaje del Martín Fierro y a quién va dirigido?

Según Marechal, es un mensaje de alarma, un grito de alerta nacido de las entrañas mismas del ser nacional, porque el país, desgraciadamente no se ha iniciado bien. Porque en sus   primeros actos ejerciendo la libertad, se ha comenzado con la enajenación de lo nacional en sus aspectos materiales, morales y espirituales.

Este drama que nuestro país inició a partir de la segunda mitad del siglo XIX, es una situación que deber ser analizada especialmente para denunciar a los que se constituyen como los responsables de este hecho. Ya que el mensaje está dirigido a todos los argentinos, se plantea Marechal otro punto que lo desvela, el que atañe a la difusión inicial del Martín Fierro.

Existen en ese tiempo, una clase dirigente y una clase intelectual, las cuales lo ignoran o lo aceptan simplemente como un hecho literario, cuando el libro de Hernández está buscando hacer llegar su mensaje a todo el pueblo.

La clase dirigente manifiesta ya un notorio desprecio hacia lo nuestro, y la clase intelectual busca en otros horizontes, especialmente en Europa, su materia creativa y de reflexión. Un silencio cómplice, rodeó en sus inicios a esta obra y entonces no le quedó otra expectativa a cumplir que acercarse al alma de aquellos, de los cuales salió la obra: el pueblo mismo, el del paisano sufrido y humilde. Y el Martín Fierro es recibido por los gauchos, por el pueblo, en modestas ediciones y papel sencillo para mantenerse en un emotivo vínculo con los que estaban ya siendo olvidados en la formación de la República, con los que comprendían realmente lo que significaba el “ser nacional” y eran injustamente olvidados en su tiempo.

La obra pues, por el mero hecho de las circunstancias vividas, abandona las ciudades que lo miran con extrañeza y vuelve a la tierra de donde surgió. Las rústicas ediciones circulan en las pulperías y en los almacenes de campo y son leídas al paisanaje, por los pocos que saben leer. Y son escuchadas con la veneración de quienes reconocen que por primera vez, alguien los interpreta y los lleva a la tribuna pública. Los saca de ese lugar menesteroso y hambriento que ellos conocen muy bien, e ilumina el rastro para conducirlos por la senda del devenir de la Patria.

Y aquí llega, lo que para Marechal se refiere a las primeras interpretaciones del Martín Fierro. Cuando regresa a la ciudad, el ambiente que lo rodea es otro, es el de la incomprensión, ingenua de parte de algunos y deliberada de parte de otros. Porque muchos conocen esta realidad que late en sus páginas, pero están deseosos de que esta verdad no sea conocida.

Para algunos, Martín Fierro es el prototipo desgraciado del gaucho, producto híbrido del indio y del blanco que heredó de los dos solamente los defectos y ninguna virtud, y por esto mismo, destinado a desaparecer. Para otros, es el inadaptado a la civilización, en permanente rebeldía contra las instituciones, en su desapego al trabajo y amor a la vida errante. En su goce hacia el homicidio. En aquella época, está viviendo el país la euforia del Progreso con mayúscula y Martín Fierro es un desertor de esa posibilidad, un elemento hostil y peligroso. Sin embargo, el gaucho Fierro había enunciado sus virtudes de trabajador, de hombre pacífico, amante del orden, de la familia y de la religión: "Yo he conocido esta tierra / en que el paisano vivía / y su ranchito tenía / y sus hijos y mujer / Era una delicia el ver / cómo pasaba sus días".

La vida de Martín Fierro era, como la de cualquier gaucho la de un hombre afincado en la pampa, ya con el instinto de la propiedad y del trabajo, ensimismado en su fe religiosa y dueño de una riquísima filosofía, enriquecida por la experiencia y el consejo de otros. De pronto, algo sucedió para que ese hombre manso y trabajador, respetuoso del orden y amante de la familia, se convirtiera en un peligro para la sociedad.

Lo que sucedió fue que otro estilo de vida había entrado al país y desplazaba al gaucho. Y frente a esa invasión foránea, Martín Fierro es el hombre de la rebeldía y de la lealtad. Lealtad al estilo de su pueblo, al ser nacional que está siendo atacado y confundido.

El Martín Fierro es, como todas las epopeyas clásicas, la gesta de un pueblo. Y en toda gesta hay un héroe. ¿Quién es el héroe de este relato? En el sentido literal es el gaucho de nuestra pampa. En el sentido simbólico, es la conciencia nacional en un momento crítico de nuestra historia. Es el pueblo de la Nación, que recién sale de las guerras por la independencia y de sus luchas civiles y se apresta a realizar su destino histórico. Este destino está determinado por el ejercicio  de la libertad, caracterizado por un estilo propio de vivir, por una tradición, una ética del hombre y una filosofía de la existencia. Es en este momento que el pueblo se enfrenta ante un hecho desconcertante: los que han tomado la dirección del país manejan las cosas en lo material y en lo espiritual. Y este nuevo estilo de vida que reina en el país, ha de lanzarse agresivamente contra el estilo auténtico del ser nacional.

Esta agresión se traduce en los infortunios que sufre el gaucho Fierro. Si ante los ojos de algunos es el gaucho inadaptado, peligroso, indeseable, realmente se configura como el símbolo de todo un pueblo al que se le roban las posibilidades de un futuro venturoso. Fierro lucha pero al fin, es vencido, y debe refugiarse en el desierto.

¿Qué significa para Marechal esta huida del gaucho hacia el  desierto? Significa que, por primera vez en la historia, el pueblo no es el actor y protagonista de su destino. Expulsado del ámbito donde se desarrollan las acciones de la historia, asiste como un lejano espectador del drama que es el suyo propio.

El calvario del gaucho Fierro no termina todavía, ha de verse privado de la presencia de su  único amigo, el sargento Cruz, y como triste consuelo, se aferrará a la tierra de la sepultura donde yace su compañero. Y luego, sucede algo que llena de significación al poema: estando un día Fierro en esa situación, escucha los lamentos de la Cautiva. Entonces, se produce la reacción del gaucho porque ve en esa mujer, martirizada y humillada, el símbolo del ser nacional, enajenado y cautivo como ella. Marechal intuye que en el rescate de la Cautiva, Fierro está comenzando el rescate de la Patria que vuelve con él desde el destierro. A partir de allí, Fierro comienza a buscar las noticias del mundo que debió abandonar y en el encuentro con sus dos hijos, observa que los males del país se han agravado. 

Entonces aparece un personaje novedoso: el Viejo Vizcacha. Ante la crítica que se le hace con respecto a que en él se ve la manifestación de ciertos valores negativos imputables al ser nacional, Marechal ve al individuo que, desertando de su propio estilo, manejando una triste filosofía de vencido, se adapta al estilo invasor y se hace su cómplice para sobrevivir. Pero esto, lejos de alejar a Fierro de su propósito, lo determina con mayor firmeza y esto se observa en la despedida que hace a sus dos hijos y al hijo de Cruz. Y lo que les transmite, a modo de consejo, es la ética del ser nacional y su filosofía de vivir para que los muchachos las practiquen en el futuro. 

Y hay en las últimas estrofas el señalamiento de una misión: “Después a los cuatro vientos / los cuatro se dirigieron / una promesa se hicieron / que todos debían cumplir / mas no la puedo decir / pues secreto prometieron”  ¿Cuál sería esa promesa, ese acuerdo al que llegaron los tres jóvenes y Martín Fierro?

Marechal nos dice que ellos marchan hacia los cuatro puntos cardinales en una actitud misional. La misión seguramente estaba dirigida al rescate del ser nacional y a su restitución en el escenario de la historia argentina como único protagonista de su destino.

Leopoldo Marechal, vivió él mismo el drama del exilio interno por su adhesión al peronismo, ya que fue marginado de todos los circuitos culturales después del golpe de Estado que determinó la caída del General Perón.  

Nació en Buenos Aires en 1900 y murió en 1970, y de su extensa bibliografía que abarca obras de  poesía, novelas, ensayos y teatro, destacamos una de las obras fundamentales de la narrativa argentina: "Adán Buenosayres". La obra de Marechal, abarca uno de los momentos más lúcidos de la producción literaria argentina y se constituye en la representación de un escritor preocupado por una materia que nos hace falta cultivar ahora como nunca: el arte de ser argentinos integrantes de la Patria Grande Latinoamericana.

Fuente: “SIMBOLISMOS DEL MARTÍIN FIERRO” de Leopoldo Marechal - SUELO SANTAFESINO -  2001 (Año 1 - Nº 1)  Revista de la Subsecretaría dela Provincia de Santa Fe


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