La obra de Leopoldo Marechal, vasta y
profunda, es la de uno de los escritores más osados y originales y también, más rebeldes de la
vanguardia martinfierrista. Sus preocupaciones intelectuales, que tantos agravios le acarrearan en su tiempo al autor, dan
fe de la defensa del ser nacional y latinoamericano.
Marechal abre este ensayo, que él leyó en 1955
en la entonces Radio del Estado, manifestando su consideración a la obra de
José Hernández, no tanto como obra de arte, sino en base a los valores que
contiene.
Sobre estos valores, que trascienden los
límites de la obra de arte, Marechal inscribe al Martín Fierro como una obra
que se constituye en el paradigma de un pueblo, como lo fueron las epopeyas
clásicas, en la manifestación de su potencial interior, en fin, en la imagen de
su destino histórico.
El autor de estas reflexiones plantea dos
enigmas con respecto a la obra de Hernández. El primero se refiere al modo de
su difusión inicial y el segundo a las primeras interpretaciones de la obra.
El Martín
Fierro entra en la historia argentina, en su momento justo cuando después de la
guerra independentista y los enfrentamientos internos, el país se esfuerza por
constituirse como una nueva y gloriosa Nación, en búsqueda de un merecido
destino de grandeza. Hay en el libro, un mensaje lanzado al futuro y una
profecía que involucra al destino de la Nación.
Porque el libro, es mucho más que un relato de
desventuras personales, ya que contiene advertencias que luego se convertirían
en anuncios de sus simbolismos. ¿Cuál es el mensaje del Martín Fierro y a quién
va dirigido?
Según Marechal, es un mensaje de alarma, un
grito de alerta nacido de las entrañas mismas del ser nacional, porque el país,
desgraciadamente no se ha iniciado bien. Porque en sus primeros actos ejerciendo la libertad, se ha comenzado con la enajenación de lo
nacional en sus aspectos materiales, morales y espirituales.
Este drama que nuestro país inició a partir de
la segunda mitad del siglo XIX, es una situación que deber ser analizada
especialmente para denunciar a los que se constituyen como los responsables de
este hecho. Ya que el mensaje está dirigido a todos los argentinos, se plantea
Marechal otro punto que lo desvela, el que atañe a la difusión inicial del Martín Fierro.
Existen en ese tiempo, una clase dirigente y
una clase intelectual, las cuales lo ignoran o lo aceptan simplemente como un
hecho literario, cuando el libro de Hernández está buscando hacer llegar su
mensaje a todo el pueblo.
La clase dirigente manifiesta ya un notorio
desprecio hacia lo nuestro, y la clase intelectual busca en otros horizontes,
especialmente en Europa, su materia creativa y de reflexión. Un silencio
cómplice, rodeó en sus inicios a esta obra y entonces no le quedó otra
expectativa a cumplir que acercarse al alma de aquellos, de los cuales salió la
obra: el pueblo mismo, el del paisano sufrido y humilde. Y el Martín Fierro es
recibido por los gauchos, por el pueblo,
en modestas ediciones y papel sencillo para mantenerse en un emotivo vínculo
con los que estaban ya siendo olvidados en la formación de la República, con
los que comprendían realmente lo que
significaba el “ser nacional” y eran injustamente olvidados en su tiempo.
La obra pues, por el mero hecho de las
circunstancias vividas, abandona las ciudades que lo miran con extrañeza y
vuelve a la tierra de donde surgió. Las rústicas ediciones circulan en las
pulperías y en los almacenes de campo y son leídas al paisanaje, por los pocos
que saben leer. Y son escuchadas con la veneración de quienes reconocen que por
primera vez, alguien los interpreta y los lleva a la tribuna pública. Los saca
de ese lugar menesteroso y hambriento que ellos conocen muy bien, e ilumina el
rastro para conducirlos por la senda del devenir de la Patria.
Y aquí llega, lo que para Marechal se refiere
a las primeras interpretaciones del Martín Fierro. Cuando regresa a la ciudad,
el ambiente que lo rodea es otro, es el de la incomprensión, ingenua de parte
de algunos y deliberada de parte de otros. Porque muchos conocen esta realidad
que late en sus páginas, pero están deseosos de que esta verdad no sea
conocida.
Para algunos, Martín Fierro es el prototipo
desgraciado del gaucho, producto híbrido del indio y del blanco que heredó de
los dos solamente los defectos y ninguna virtud, y por esto mismo, destinado a desaparecer. Para
otros, es el inadaptado a la civilización, en permanente rebeldía contra las instituciones,
en su desapego al trabajo y amor a la vida errante. En su goce hacia el
homicidio. En aquella época, está viviendo el país la euforia del Progreso con
mayúscula y Martín Fierro es un desertor de esa posibilidad, un elemento hostil
y peligroso. Sin embargo, el gaucho Fierro había enunciado sus virtudes de
trabajador, de hombre pacífico, amante
del orden, de la familia y de la religión: "Yo he conocido esta tierra /
en que el paisano vivía / y su ranchito tenía / y sus hijos y mujer / Era una
delicia el ver / cómo pasaba sus días".
La vida de Martín Fierro era, como la de
cualquier gaucho la de un hombre afincado en la pampa, ya con el instinto de la
propiedad y del trabajo, ensimismado en su fe religiosa y dueño de una
riquísima filosofía, enriquecida por la
experiencia y el consejo de otros. De pronto, algo sucedió para que ese hombre
manso y trabajador, respetuoso del orden y amante de la familia, se convirtiera
en un peligro para la sociedad.
Lo que sucedió fue que otro estilo de vida
había entrado al país y desplazaba al gaucho. Y frente a esa invasión foránea,
Martín Fierro es el hombre de la rebeldía y de la lealtad. Lealtad al estilo de
su pueblo, al ser nacional que está siendo atacado y confundido.
El Martín Fierro es, como todas las epopeyas
clásicas, la gesta de un pueblo. Y en toda gesta hay un héroe. ¿Quién es el
héroe de este relato? En el sentido literal es el gaucho de nuestra pampa. En
el sentido simbólico, es la conciencia nacional en un momento crítico de
nuestra historia. Es el pueblo de la Nación, que recién sale de las guerras por
la independencia y de sus luchas civiles y se apresta a realizar su destino
histórico. Este destino está determinado por el ejercicio de la libertad, caracterizado por un estilo
propio de vivir, por una tradición, una ética del hombre y una filosofía de la
existencia. Es en este momento que el pueblo se enfrenta ante un hecho
desconcertante: los que han tomado la dirección del país manejan las cosas en
lo material y en lo espiritual. Y este nuevo estilo de vida que reina en el
país, ha de lanzarse agresivamente contra el estilo auténtico del ser nacional.
Esta agresión se traduce en los infortunios
que sufre el gaucho Fierro. Si ante los ojos de algunos es el gaucho
inadaptado, peligroso, indeseable, realmente se configura como el símbolo de todo un pueblo al que se le roban
las posibilidades de un futuro venturoso. Fierro lucha pero al fin, es vencido,
y debe refugiarse en el desierto.
¿Qué significa para Marechal esta huida del
gaucho hacia el desierto? Significa que, por primera vez en la historia, el pueblo no es
el actor y protagonista de su destino. Expulsado del ámbito donde se
desarrollan las acciones de la historia, asiste como un lejano espectador del
drama que es el suyo propio.
El calvario del gaucho Fierro no termina todavía, ha de verse privado de la presencia de su único amigo, el sargento Cruz, y como triste consuelo, se aferrará a la tierra de la sepultura donde yace su compañero. Y luego, sucede algo que llena de significación al poema: estando un día Fierro en esa situación, escucha los lamentos de la Cautiva. Entonces, se produce la reacción del gaucho porque ve en esa mujer, martirizada y humillada, el símbolo del ser nacional, enajenado y cautivo como ella. Marechal intuye que en el rescate de la Cautiva, Fierro está comenzando el rescate de la Patria que vuelve con él desde el destierro. A partir de allí, Fierro comienza a buscar las noticias del mundo que debió abandonar y en el encuentro con sus dos hijos, observa que los males del país se han agravado.
Entonces aparece un personaje
novedoso: el Viejo Vizcacha. Ante la crítica que se le hace con respecto a que
en él se ve la manifestación de ciertos valores negativos imputables al ser
nacional, Marechal ve al individuo que, desertando de su propio estilo,
manejando una triste filosofía de vencido, se adapta al estilo invasor y se hace
su cómplice para sobrevivir. Pero esto, lejos de alejar a Fierro de su
propósito, lo determina con mayor firmeza y esto se observa en la despedida que
hace a sus dos hijos y al hijo de Cruz. Y lo que les transmite, a modo de
consejo, es la ética del ser nacional y su filosofía de vivir para que los
muchachos las practiquen en el futuro.
Y hay en las últimas estrofas el señalamiento
de una misión: “Después a los cuatro vientos / los cuatro se dirigieron / una
promesa se hicieron / que todos debían cumplir / mas no la puedo decir / pues
secreto prometieron” ¿Cuál sería esa
promesa, ese acuerdo al que llegaron los tres jóvenes y Martín Fierro?
Marechal nos dice que ellos marchan hacia los
cuatro puntos cardinales en una actitud misional. La misión seguramente estaba
dirigida al rescate del ser nacional y a su restitución en el escenario de la
historia argentina como único protagonista de su destino.
Leopoldo Marechal, vivió él mismo el drama del
exilio interno por su adhesión al peronismo, ya que fue marginado de todos los
circuitos culturales después del golpe de Estado que determinó la caída del General Perón.
Nació en Buenos Aires en 1900 y murió en 1970,
y de su extensa bibliografía que abarca obras de poesía, novelas, ensayos y teatro, destacamos
una de las obras fundamentales de la narrativa argentina: "Adán Buenosayres". La obra de Marechal, abarca uno de los momentos más
lúcidos de la producción literaria argentina y se constituye en la
representación de un escritor preocupado por una materia que nos hace falta
cultivar ahora como nunca: el arte de ser argentinos integrantes de la Patria
Grande Latinoamericana.
Fuente: “SIMBOLISMOS DEL MARTÍIN FIERRO” de
Leopoldo Marechal - SUELO SANTAFESINO -
2001 (Año 1 - Nº 1) Revista de la Subsecretaría dela Provincia de
Santa Fe

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